“Nunca nieva en Busan”
Escrito por Jordi y MiMi
Derechos de autor © 2025 por My Naughty Ghost. Todos los derechos reservados.
Para DanA:
Gracias por ayudarme a volver a apreciar la música en la vida.
Prólogo
Diario de Sumin – 18 de febrero de 2025
Nunca nieva en Busan. Pero la noche en que prometiste casarte conmigo, los copos de nieve danzaban en el aire como un sueño. Casi no podía creerlo. ¿Era real? Estabas allí, con la mirada suave, tu voz con un toque de humor, pero algo en mí quería creer cada palabra que dijiste.
¿Es así como se siente el amor, Yoojin? ¿O solo estoy imaginando algo más?
Diario de Yoojin – 18 de febrero de 2025
Nieve en Busan. Nunca pensé que la vería. Y ciertamente no pensé que mis palabras volverían para atormentarme así. Lo dije como una broma, ¿no? Le prometí a Sumin que me casaría con ella si alguna vez nevaba en Busan. Pero en el momento en que esas palabras salieron de mi boca, la nieve cayó, y sus ojos—esos ojos grandes y esperanzados—me miraron como si le hubiera concedido el mundo.
¿Cómo permití que esto sucediera? ¿Qué tipo de poder tienen mis palabras? Y ahora… ¿qué hago?
Diario de Sumin – 19 de febrero de 2025
Se siente como el destino, como si el universo nos hablara. Nieve en Busan, de todos los lugares, y en la noche en que hiciste esa promesa. Mi corazón no deja de latir con fuerza, Yoojin. ¿Estaba destinado a ser? Mi lado lógico me dice que todo es coincidencia, pero en el fondo, quiero creer que esto es una señal.
Siempre sabes cómo hacerme sonreír con tus palabras, pero ahora esas palabras cuelgan entre nosotros, pesadas y llenas de significado. ¿Qué significan para ti?
Diario de Yoojin – 19 de febrero de 2025
No puedo dejar de pensar en esa noche. Nieve, promesas y la forma en que Sumin me miró. Se suponía que no significaba nada, pero ahora no estoy tan seguro. ¿Realmente siento esto con tanta intensidad? ¿Estoy huyendo de algo que tengo miedo de enfrentar?
Cada vez que me he acercado al amor, me he alejado. Pero con Sumin… es diferente. Ella es diferente. Y eso me asusta aún más.
Diario de Sumin – 20 de febrero de 2025
No ha dicho una palabra sobre la nieve, ni sobre su promesa. No sé qué está pasando por su cabeza. ¿Tiene miedo? ¿Yo tengo miedo? La incertidumbre me carcome, haciéndome cuestionar todo. Siempre he estado tan segura de mí misma en el trabajo, pero cuando se trata del amor, siento que estoy en terreno inestable.
Tal vez para él solo fue una broma. Pero para mí… significó algo.
Diario de Yoojin – 20 de febrero de 2025
Estoy aterrorizado. ¿Y si arruino esto? Sumin no ha mencionado la nieve, no ha sacado a relucir mi promesa, y yo tengo demasiado miedo para ser el primero en decir algo. Nunca me he sentido tan cercano a alguien antes, y precisamente por eso estoy dudando.
No puedo perderla, pero no sé si estoy listo para ser lo que ella necesita. ¿Y si no soy suficiente?
Diario de Sumin – 21 de febrero de 2025
He decidido. Voy a hablar con Yoojin esta noche. No puedo vivir con esta incertidumbre por más tiempo. La nieve, sus palabras… significaron algo para mí. Necesito saber si también significaron algo para él. Me aterra la idea de alejarlo, pero no puedo seguir fingiendo que esto no importa.
Tal vez estamos destinados a estar juntos, Yoojin. O tal vez solo soy una tonta enamorada. Pero tengo que saberlo.
Diario de Yoojin – 21 de febrero de 2025
Esta noche, todo cambia. Lo siento en la forma en que Sumin me mira, en cómo su silencio se ha prolongado durante días. Ella va a mencionarlo, la nieve, la promesa, todo. Y necesito ser honesto con ella. Por una vez, necesito dejar de huir.
Este podría ser el momento que he estado esperando—nuestro momento. Pero también podría ser el momento en que la pierda.
Por primera vez en mi vida, quiero ser valiente.
Capítulo 1
Diario de Sumin – 7 de enero, 2025
Ay, en serio… El viaje a Busan fue un dolor de cabeza total, y ni sé por qué me hice tantas ilusiones. El trabajo ha sido una pesadilla últimamente—peleas constantes, gente llorando, y todo el caos que viene entre medio. Solo quería escaparme un ratito, ¿sabes? Pensé que este viaje me daría un respiro. ¡Pero sorpresa! Concierto de jazz cancelado. Me quedé ahí parada como, “¿Y ahora qué?” Honestamente, estaba súper frustrada conmigo misma por haber venido así de impulsiva.
Pero no podía regresarme de una vez. Pensé que mejor me despejaba la mente y empecé a caminar por la playa. El viento frío me pegaba en la cara, pero extrañamente se sentía refrescante, como si me estuviera despertando. El sonido de las olas y el cielo nocturno silencioso medio que me tranquilizaron. Aun así, no podía evitar estar enojada conmigo misma por haber tomado una decisión tan impulsiva. “¿Por qué soy así?” seguía pensando.
Y entonces, de la nada, olí carne de cerdo a la parrilla en el aire. Mis sentidos se activaron, y seguí el olor sin darme cuenta. Fue cuando lo vi—un tipo asando carne de cerdo él solito. Se veía tan… tranquilo, como si perteneciera ahí. Cuando me vio, volteó su carne casualmente y sonrió como si no fuera gran cosa.
Honestamente no me lo esperaba. No pensé que me sentaría con un desconocido así. Pero la manera en que sonrió… Era tan natural que terminé sentándome antes de siquiera pensarlo.
Viéndolo ahora, se siente medio surreal. Normalmente, nunca me acercaría a alguien así.
Su nombre era Yoojin. Al principio, solo estaba ahí por la carne, no miento. Pero entre más hablábamos, más me atraía su onda. Resulta que enseña literatura inglesa en una universidad. Y wow, no era como nadie que hubiera conocido antes. Sus pensamientos tenían profundidad, y la manera en que hablaba de las cosas, podías ver cómo se le iluminaban los ojos. Era medio hipnotizante.
Le conté sobre todo el estrés del trabajo que he tenido, y él solo escuchó—no juzgó, no interrumpió, solo escuchó. Se sintió tan bien tener a alguien que realmente me pusiera atención. Su voz era calmada, firme, como si todo fuera a estar bien. Me hizo darme cuenta de cuánto necesitaba una conversación así.
Terminamos platicando de todo—jazz, el océano, hasta pedacitos random de historia. Mencioné algunos lugares a los que había viajado, y él parecía genuinamente curioso, haciéndome todas estas preguntas tan thoughtful. Se sentía como si todo lo que sabía estuviera cobrando vida otra vez a través de nuestra conversación.
Y su risa… Ay, su risa. Era tan cálida y real. Incluso cuando decía las cositas más tontas, se reía como si importara. Esa risa—me puso completamente en paz. Al final de la noche, me sentía tan agradecida de haber tenido ese momento.
Ni sé cómo pasó el tiempo. Sin darme cuenta, el cielo estaba lleno de estrellas, y el viento se sentía más suave de alguna manera. Cuando terminó la conversación y volví a estar sola, mi corazón se sentía extrañamente cálido. Había pasado tanto tiempo desde que me había reído así.
¿Volveré a tener otro encuentro como este? ¿O fue solo un momento perfecto y fugaz? El olor de la carne de cerdo, su risa, el sonido del océano—todo se va a quedar conmigo por mucho tiempo, creo.
Diario de Yoojin – 7 de enero, 2025
Ay, el océano de Busan—siempre tan calmado y simple. Por eso vine acá este fin de semana. No tenía plan, no necesitaba uno. Solo yo, el sonido de las olas, algo de carne de cerdo para asar, y el viento. Eso era todo lo que quería. Pero luego ella apareció, y todo cambió.
Todavía me río cuando pienso en la primera vez que la vi. Caminaba lento, con los hombros caídos como si la semana la hubiera desgastado completamente. Luego se detuvo, mirando alrededor como si hubiera perdido algo o tal vez buscando algo que no estaba ahí. Su cara… era esta mezcla de esperanza y decepción.
No sé qué me pasó, pero quería romper ese momento. Empecé a asar más fuerte, dejé que el aroma de la carne de cerdo se extendiera por el aire. Hasta le eché agua a la parrilla para que hiciera un ruido fuerte. Cuando se volteó a mirar, la saludé. Solo un pequeño gesto, sin esperar nada. Pero luego sonrió—una sonrisa pequeña y tímida que me tomó completamente desprevenido. Y luego se acercó.
Realmente se sentó. Honestamente, no lo podía creer. Pensé que solo se iría, pero no—se me unió. Su nombre era Sumin. De cerca, se veía tan pulida y bien arreglada, pero había un cansancio en sus ojos que la hacía sentir… humana. Real.
Me contó que trabaja en estética de belleza—un mundo del que no sé absolutamente nada. Es uno de esos lugares virales que he visto en línea. Debe estarle yendo muy bien. Yo vivo en un apartamento diminuto de un cuarto y enseño literatura inglesa—nuestras vidas no podrían ser más diferentes. Y sin embargo, ahí estábamos, compartiendo carne de cerdo y conversación como si fuera lo más natural del mundo.
Empecé a hablar de mis estudiantes, de Hamlet y Gatsby—cosas que nunca pensé que le importarían. Pero sí le importaron. Cuando mencioné por qué Gatsby estaba destinado al fracaso, realmente se rió. Una risa real, honesta. Ese momento… Es como si algo hubiera cambiado. Como si no fuéramos tan diferentes después de todo.
Hablamos por horas, de todo y de nada. Las olas siguieron chocando, la noche se puso más oscura, y salieron las estrellas. Había venido a Busan solo para relajarme, pero en su lugar, encontré… esto. Lo que fuera que fuera esto. Se sintió significativo, como una conexión que no sabía que necesitaba.
No sé si la volveré a ver. Pero sé que recordaré esta noche—las olas, las estrellas, el aroma de la carne de cerdo, y su risa. No todos los días conoces a alguien que te recuerda lo que se siente conectar realmente con otra persona.
Tal vez nunca descubra qué significó este encuentro. Pero sé que estaré pensando en él por mucho tiempo.
Capítulo 2
Diario de Sumin — 9 de enero, 2025
Volver al trabajo hoy se sintió… diferente. No sé cómo explicarlo, pero todo parecía más brillante de alguna manera. Tal vez fue porque no dejé de pensar en esa noche en la playa, o tal vez porque por fin dormí bien por una vez. Como sea, mis compañeros se dieron cuenta inmediatamente.
“¡Sumin, hoy estás radiante!” me dijó Hyejin tan pronto entré al consultorio dental. “¿Qué te pasó el fin de semana?”
Nomás me encogí de hombros tratando de hacerme la desentendida, pero sentí esa sonrisa idiota apareciendo en mi cara. En lugar de nuestra rutina usual de agarrar ensaladas individuales o cualquier almuerzo ligero que pudiéramos meter entre pacientes, sorprendí a todos pidiendo pizza para toda la oficina. ¡Pizza! Yo, la que siempre divide las cuentas hasta el último peso y trae kimbap casero para ahorrar dinero.
“¿Quién eres y qué hiciste con nuestra tacaña Sumin?” bromeó el Dr. Kim, pero hasta él parecía contento con la sorpresa inesperada.
El momento más raro fue durante mi cita de las 2 PM con la Sra. Park, una de nuestras pacientes regulares. Es esta señora dulce de sesenta y tantos que siempre tiene algo que decir sobre todo. Después de su limpieza, mientras se enjuagaba y se sobaba la mandíbula como siempre hace, de repente me miró con esa sonrisa de sabelotodo.
“Estabas tarareando ‘Amor en tus ojos’ durante las radiografías,” me dijo, refiriéndose a esa vieja canción de Lee Moon-sae de los 80. Ni siquiera me di cuenta de que lo estaba haciendo. “¡Estás enamorada!”
Se me puso la cara roja como tomate. Balbuceé algo sobre que nomás tenía una canción metida en la cabeza, pero la Sra. Park nomás se rio y me palmeó la mano. “Llevo cuarenta años casada, mijita. Conozco esa cara.”
¿Amor? ¿Esto es amor? Nunca he tenido un novio de verdad—no como en las películas o los dramas. Claro, he salido en citas, pero la mayoría eran citas a ciegas que mis papás arreglaban o encuentros que se sentían más como entrevistas de trabajo que algo romántico. “Primero estudia, después novios,” siempre decían mis papás. “Solo ten novio si vas en serio para casarte.”
Así que aquí estoy, de veintiocho años, y me siento como una adolescente loca por los chicos. ¿Esto es lo que me perdí todos esos años? ¿Esta sensación mariposeante de no poder concentrarme en nada? Porque si es así, creo que entiendo por qué la gente escribe canciones sobre esto.
Sigo repasando cada momento de esa noche. La manera en que se le arrugaban los ojos a Yoojin cuando se reía. Qué cómodo se sentía el silencio entre nosotros. La forma en que realmente escuchaba cuando yo hablaba, no nomás esperando su turno para hablar.
Dios, soy patética. Dos días y ya estoy actuando así.
Pero tal vez patética no es la palabra correcta. Tal vez nomás estoy… ¿feliz? ¿Cuándo fue la última vez que me sentí genuinamente feliz por algo que no fuera un logro o una meta tachada de mi lista? No me acuerdo. Hasta entrar a la escuela de odontología o conseguir este trabajo se sintió más como alivio que alegría. Esto es diferente. Este es el tipo de felicidad que te hace querer compartir pizza con tus compañeros y tararear viejas canciones de amor sin darte cuenta.
Me pregunto si él también está pensando en mí, o si yo nomás soy otro encuentro casual para él. La parte racional de mi cerebro—la parte que me llevó a través de siete años de educación superior—me sigue recordando que apenas nos conocemos. Una noche no significa nada. La gente se conoce en las playas todo el tiempo y nunca se vuelven a ver.
Pero entonces me acuerdo de cómo se veía cuando hablaba de sus estudiantes, cómo se le iluminó toda la cara cuando mencionó a ese chavo que por fin entendió el simbolismo en poesía. Había algo tan genuino en eso, tan diferente de los tipos que mis papás me presentaron que solo hablaban de sus trabajos en términos de potencial salarial y oportunidades de ascenso.
Tal vez debería llamarlo. O mandarle mensaje. ¿La gente todavía habla por teléfono? Dios, realmente estoy fuera de práctica con todo este rollo.
Diario de Yoojin — 9 de enero, 2025
No dejo de pensar en Jihye. Mi ex. Con la que corté hace tres meses porque empezó a hablar de conocer a mis papás después de que apenas lleváramos seis semanas saliendo. Quería saber “hacia dónde íbamos” y se la pasaba insinuando lo de mudarnos juntos. Se sentía asfixiante, como si estuviera planeando todo nuestro futuro mientras yo todavía trataba de decidir si me gustaba su risa.
“Eres emocionalmente indisponible,” me dijo cuando terminé las cosas. “Te escapas en el momento en que las cosas se ponen serias.”
Tal vez tenía razón. Tal vez sí me escapo. Pero con Sumin… no quiero escaparme. Quiero llamarla.
De hecho, sí la llamé. Ayer. Y otra vez esta mañana. Las dos veces saltó el buzón de voz, y colgué sin dejar mensaje. ¿Qué iba a decir de todos modos? “Hola, soy el tipo random que conociste en la playa que te asó carne.”
Probablemente está ocupada. Mencionó que su trabajo era estresante, y los consultorios dentales se mantienen bastante llenos. Al menos eso es lo que me digo en lugar de pensar que tal vez se arrepintió de toda esa noche y no quiere saber de mí.
No voy a volver a llamar. No quiero ser ese tipo—el desesperado y pegajoso que no puede captar indirectas. Si quiere hablar, me devolverá la llamada. ¿Verdad?
Mentira. Definitivamente voy a volver a llamar. ¿A quién estoy engañando?
La cosa es que Jihye probablemente tenía razón sobre que me escapo, pero se equivocó sobre el porqué. No era porque las cosas se pusieran “serias”—era porque se pusieran falsas. Toda esa plática sobre el futuro, sobre conocer a los papás y mudarnos juntos, se sentía como si estuviera tratando de adelantar rápido todas las partes de realmente conocernos directo a alguna meta final hacia la que ni sabía que estábamos corriendo.
Con Sumin, todo se sintió sin prisa. Natural. Como si tuviéramos todo el tiempo del mundo para nomás sentarnos ahí y hablar de nada y todo. No me preguntó cuál era mi plan de cinco años ni insinuó nada sobre exclusividad. Nomás… escuchó. Realmente escuchó. Y cuando habló de su trabajo, del estrés y la presión que sentía, había esta vulnerabilidad que Jihye nunca me mostró, ni después de dos meses saliendo.
Tal vez eso es lo que he estado buscando todo este tiempo—alguien que no necesite saber hacia dónde vamos antes de que hayamos descubierto si disfrutamos la compañía del otro. Alguien que pueda sentarse en silencio cómodo y comer carne medio quemada y hacer que se sienta como la mejor tarde que he tenido en meses.
Estoy pensando demasiado. Una noche no significa que ella sienta lo mismo que yo. Por lo que sé, va a esa playa todo el tiempo y conoce tipos estresados random que le cocinan la cena. Tal vez nomás estoy proyectando porque estoy tan cansado de la escena de citas de Seúl, con sus reglas tácitas y expectativas y cronogramas.
Pero Dios, la manera en que se rió cuando accidentalmente tiré ese pedazo de carne en la arena. Y cómo no fingió que estaba bien comerla de todos modos, como algunas personas habrían hecho. Nomás me miró y dijo, “Bueno, esa es para las gaviotas,” y los dos nos carcajeamos. ¿Cuándo fue la última vez que alguien me hizo reír así? ¿Cuándo fue la última vez que no sentí que tenía que actuar o impresionar o ser alguna versión de mí mismo que pensaba que alguien más quería?
Diario de Yoojin — 11 de enero, 2025
Me rendí.
Dos días mirando mi teléfono, checándolo cada cinco minutos como algún adolescente enamorado, y finalmente le mandé mensaje. Nomás un simple “Hola, soy Yoojin de la playa. Espero que tu semana vaya mejor que el fin de semana pasado.”
Me contestó en diez minutos. ¡Diez minutos! Tal vez realmente es mejor con mensajes que con llamadas telefónicas. Terminamos mandándonos mensajes por una hora, y se sintió igual de fácil que esa noche en la playa. Me contó sobre sus compañeros molestándola y una paciente que dijo que estaba “radiante.” Yo le conté sobre mis estudiantes tratando de convencerme de que TikTok era una forma válida de análisis literario.
Antes de que pudiera pensarlo demasiado, le pregunté si quería almorzar el sábado.
Su respuesta: “El sábado no puedo, pero ¿qué tal el jueves? Ese día salgo temprano.”
Jueves. O sea, pasado mañana. O sea, realmente quiere verme otra vez, y pronto.
Dije que sí tan rápido que estoy bastante seguro de que parecí ansioso como cachorro, pero ni me importa. El jueves no puede llegar lo suficientemente rápido.
¿La mejor parte? Ella sugirió el lugar. No algo lujoso o digno de Instagram, sino este pequeño lugar de kimbap cerca de su trabajo que dijo que hace el mejor kimchi jjigae del barrio. “No es nada especial,” me escribió, “pero la tía que lo maneja siempre me da banchan extra porque piensa que estoy muy flaca.”
Nada especial. Jihye habría sugerido ese nuevo restaurante de fusión en Gangnam del que todos hablan, el que tiene lista de espera de dos meses y precios que te hacen cuestionar tus decisiones de vida. Se habría puesto algo que se viera sin esfuerzo pero probablemente le tomó una hora armarse, y habría pedido ensalada porque estaba “cuidando su figura.”
Sumin me quiere llevar a su lugar de kimbap del barrio. Donde la dueña piensa que está muy flaca y le da platillos extra. Donde probablemente podemos comer hasta estar realmente llenos por menos de lo que gasté en aperitivos con Jihye.
Estoy nervioso, pero son nervios buenos. Como los que tienes antes del primer día de clases o una entrevista de trabajo para algo que realmente quieres. No los nervios ansiosos de caminar-en-cáscaras-de-huevo que sentía con mi ex hacia el final.
Tal vez así es como se siente cuando algo tiene potencial real. Cuando no estás tratando de forzar química que no existe o convencerte de que alguien es correcto para ti porque se ve bien en papel. Tal vez así es como pasa cuando conoces a alguien y piensas, “Quiero saber más de esta persona,” en lugar de, “Me pregunto si esta persona encaja en mi plan de vida.”
Jueves. Probablemente debería averiguar qué ponerme para un restaurante de kimbap del barrio. Algo que diga “Estoy genuinamente interesado en ti” pero no “Me estoy esforzando demasiado.” ¿Tengo ropa que diga eso?
Dios, sueno como un adolescente. Pero por primera vez en meses, no me importa.

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